Pinceladas de tormenta

Estaba esperando como cada día que pasará el autobús que la llevaba cada día al trabajo. Tenía casi una hora de trayecto hasta llegar a la oficina que estaba situada en el centro de la capital. Sentada en la marquesina de la parada de bus, intentaba leer un libro que no acababa de gustarle.

Su mente no paraba de pensar en aquello que tanto deseaba, en aquel hombre sin figura determinada y de sentimientos profundos. Soñaba despierta. Miró hacia el cielo y vio el cielo encapotado, todo él, era una gran pincelada de tonos grises oscuros.

De pronto empezó a llover, con fuerza empezaba lo que parecía ser una tempestad. Oyó a lo lejos un continuo chapoteo que daba una persona desdibujada por las gotas contundentes de lluvia y que corría a toda prisa hasta el punto donde ella se encontraba a cubierto. Llegó jadeando, sin respiración. Ella le miró, le sonrió y creyó ver que gracias a la lluvia estaba volviendo a salir el Sol en su interior. Lo trajo la lluvia.

paraguas

Mar en calma

Él, Mar en calma.. le hace sonreír. Cuando se inicia el rumor, la brisa se altera lentamente y le ataca sin amenaza previa, le sorprende. Al embravecerse, la descontrola, pierde y enloquece. Pierde durante un tiempo indeterminado el control de los minutos y la ubicación de su ser.

Mar en calma, ahora espera a sentirse fuera de sí de nuevo. Mientras, la mira.

Mar Cantabrico

Etéreo

No me toques.. aunque tampoco insistiré en repetirlo, será difícil que lo consigas.

No me mires ¡ya que poco me puedes ver! Intenta besarme, quizás puedas rozarme, solo quizás. Aunque se que tal como vengo me iré.

No es que esté lleno de insoportable egocentrismo. Soy muy poco físico, apenas podrás percibirme al no ser que mi enojo se desboque ante tí.

El aire que te acompaña en una dulce siesta, el vendaval que arrasa con furia con mirada vendada te habla sin esperar respuesta.

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Rebelión

Descúbrete, muévete más, hacia aquel lado, date la vuelta, una vez más. Salta, con más fuerza, gimes por el esfuerzo hasta gritar.

Así valiente, así abierto por fin te oyeron los demás.

A contra viento, Aleluya por rebelarte ante la manada de silenciosos corderos que hablan por no callar y callan cuando hay que luchar con la voz y la valentía ante quienes nos quieren enmudecer, cegar y deshidratar nuestras bocas para ahogar nuestras vidas.

dro

Saciedad

Ni siento ni padezco el vacío que dejaste en mi cama.

No quiero ni puedo aguantar el peso de tú nombre.

El hambre que tuve lo sacié con mis sueños más secretos.

Aquellos que ahora callo y antaño te regalé.

 

Hora

Su edén

La hoguera donde arden los cuerpos, amantes, soldados como si fueran un solo ser. Ese lugar ansiado cada día, donde él quería morir en vida, el edén más cercano y la mujer por quien siente el deseo más extenuante que jamás tuvo.

El tiempo no pasaba cuando ella no estaba cerca, tampoco quería detenerse cuando estaba a su lado. Soñaba despierto, su garganta se secaba por momentos, sedienta, impaciente por volver a beber del cuerpo que tanto le llena.

Picnic

Perdida

¿Se puede saber donde la metí? No la encuentro por ningún lado. No está en la mesa del comedor, ni en la nevera; tampoco en mi cajón desastre. Es desesperante ver que tampoco mi almohada sepa nada de ella.
Necesito que aparezcas, quiero recordar tú nombre.
¡Al fin te encontré! Encima del sofá donde esta tarde eché la siesta. Ahora empiezo a recordar que te olvidé.
Lo siento Memoria pero es así.
L

En ti

Para qué despertar? No hay necesidad ni ganas de hacerlo. Demasiado bien se está en este momento como para ponerse a pensar en levantarse, en despojarse de este edredón cálido, cómplice del sueño vivido esta noche. Para destapar mis deseos encontrados, que fueron perdidos hace mil noches.

Un amanecer no deseado ya que sin tí no hay mañana buena ni Sol que valga. Mientras vague el aroma a tú ser, me mantendré quieta, cubierta por lo que fue cómplice de nuestro descontrol nocturno. Esperaré a que vuelvas, aunque las horas se hagan eternas, lo se. Mientras dormiré porque en tí, está mi despertar.

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Volvería a esperar

Mientras estaba sentado en uno de los viejos bancos de madera de la estación, desgastados por el tiempo transcurrido, por la lluvia y por el Sol, que los bañaba de rayos llenos de calidez durante tantos meses y largos años. Esperaba con la rutina pegada a sus pies, la llegada el tren que le llevaba a diario a casa, pero fue el primer día que vio al otro lado del andén, a una chica alta, de pelo castaño, largo y de un brillo realmente llamativo. Supo entonces que ya no habrían más esperas rutinarias. Si, volvería a esperar al día siguiente a su tren, con la ilusión de volver a ver pasar ante él, esa inquietante figura, el alimento de su sueño y el saciador de su sed.

 

Tren 1

Reflejos

Escuché el crujir de las hojas muy levemente. Era un sonido lejano. Al mismo tiempo una brisa quería jugar conmigo e iba i venía a mi lado, haciéndome cosquillas en mis imperceptibles oídos a la vista de cualquiera. Creí que quería contarme algo cada vez que se acercaba y que al estar junto a mí, se cortaba y huía por falta de atrevimiento a articularme palabra.

Poco a poco, notaba que ese quebrado de la hojarasca seca más sonoro. Ciertamente todo aquel manto llamaba gratamente la atención. Estaba repleto de colores tostados por el calor que el Sol les dio durante los meses de verano, dejándolas adormecidas por esa calidez tan soñada en los meses de largo frío y haciendo que ese sueño, las hiciera desprenderse de las ramas de los árboles cercanos, cayendo lentamente desde ciertas alturas hasta llegar al suelo sin notar que su aterrizaje fuera brusco, para nada; solo al despertar fue cuando se dieron cuenta de que su antigua casa quedaba a varios metros de altura.

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